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Suerte de caricia

¿Quién va a sacarme la tristeza? Cuántos pésames, cuantas náuseas. Todo ha ido a la basura, y quedan los restos. ¿Quién va a desempolvarme las heridas? Sólo había una cura, y se evaporó. Quedó el recuerdo, como una estática que eriza la piel. ¿Quién va a salvarme la cabeza? Todas las alegrías se volaron. Y sólo queda el viento. Como una suerte de caricia que trae tu piel, como si la tocara. Y todo es tan real que a veces me transporto al otro lado del río, creyendo, al fin y al cabo, en el principio de que nada se pierde... y todo se transforma. Creo que algún día te vas a unificar, y me vas a abrazar, y todo va a volver. Todo es fácil otra vez. Y quizás, en alguna vida, al otro lado, aquí o allá, el viento traerá volando, tus hojas, nuevamente, para verte renacer.

Siempre se vuelve

Cuando todo es la nada, y la nada es el todo. Cuando apenas existe un algo, y la meta es el modo. Cuando es difuso lo escrito y el alma se vuelve concreto. Cuando la brisa cae, y los pájaros se esconden del viento. Cuando todos corren y vos te enredas en el huracán. Cuando el abrazo se hace canción. Cuando es bueno, y cuando es malo. Cuando es verso y cuando es desorden. Cuando es poesía y cuando es amor. Cuando hay sueños y cuando despertas sin conocer. Cuando es realidad y cuando es fricción. Ahí, está todo. Siempre se vuelve.

Me dijo

Me dijo: "Te voy a hacer el amor"... Me sirvió una copa de vino, llenó la bañera 3/4, conocía la temperatura exacta cómo me gustaba el agua; me quitó la ropa y me ayudó a entrar... Me lavó el pelo, la espalda y los pies. Me llevó a la cama y mientras me secaba el pelo humedecía mi alma; me acostó boca abajo y comenzó a masajear mi espalda, no decía nada pero su suave respiración era lo más bonito que podía oír. No sé en qué momento me dormí. Pero cuando desperté en sus brazos, me dijo: "hay muchas maneras de hacer el amor". Respiré profundo, y lo besé.  Y esta vez lo hicimos como yo sabía, con el cuerpo. Ese amor salvaje que nace en la piel. Él sabe perfectamente cómo hacer el amor cada día, y es que para el amor no es necesario el encuentro físico, se puede hacer el amor de muchas maneras: con una caricia, una mirada, con una sonrisa cómplice, con un abrazo fuerte y sin decir nada, con un pecho amigo donde esconder las lágrimas. ¿Con una flor? No... ...

Ensueños

Cuando creo, sólo creo. Un sinfín de sueños y ensueños. Los planes, siempre fallan, pero aún así deseo intentarlos... con vos. Cuando todo va mal, cuando las piezas no hacen más que desencajar, ahí están tus brazos, para abrazarme de paz, mimarme el alma, acariciarla, y afirmar nuevamente que, una vez más, ahí vas a estar. Soñando. Siempre soñando. No creo que haya otra salida ante la oscuridad. Proyectando nuestros hijos, nuestros nietos, nuestra casa, las flores, los viaje, la bañera y el porche; el fútbol, los libros, las películas, las fotos, las sábanas del amor. Cuando todo no es más que oscuridad... ahí estan nuestros momentos, nuestras reliquias. No somos más que la suma de un par de resbalones, caídas y moretones, que hacen que cuando nos levantemos, nos miremos y, juntos, toquemos el cielo.

Viaje a tu abrazo

Me preparo para levantarme en vuelo. Siento la brisa, me envuelve, me tienta, me seduce. Me incita a esbozar sonrisa.  Siento sed. Calor. Alegría.  Y veo las nubes más cerca sin aún haber subido ni un centímetro del suelo. Y siento que llego.  Siento el algodón.  Uno a uno tus poros me envuelven. ¡Cuánto éxtasis! En un segundo crucé la atmósfera.  Y ya estoy acá.  Tengo vista panorámica de todo tu Universo.  Cierro los ojos.  Y lo demás es levitar.  Ya llegué.  A mi punto máximo de Paz, donde rodea aire puro, tibio, de esos que no se respiran en otro cielo.  Recuerdo donde estan mis pies.  Encima de los tuyos, rodilla a rodilla, codo a codo. Siento tu oído en mi pelo. Y de repente un beso me despierta.  Ya volví. Bajé. Feliz. Con otra cara. Como si hubiese recuperado mis energías en las estrellas. Absorbí la vibra más hermosa de los mundos.  Acá estoy. Ya puedo contar mi viaje a tu abrazo. 

Pinta

Deja vu. Cuando medía apenas un metro, mi obsesión era no pasarme de la línea cuando pintaba. Me gustaba llenar la mesa de lápices de colores y pintar, y pintar, y pintar. Con muchos colores. Y cada uno en su orden: el cielo celeste, los techos rojos, los árboles verdes con su tronco marrón. Y ahora es lo mismo. Me veo en la vida pitando los días de colores, sin pasarme de la línea. Sólo que sin un orden establecido. Quizá es la perspectiva de la edad. O quizás es la personalidad que va formándose, y la mía, en ese aspecto, se deformó. O quizás es que simplemente no me gusta que las cosas tengan su orden y estructura. Pero, ¿Cómo se cuál es la línea? ¿Quién me la dibuja? ¿Quién me dice hasta dónde puedo pintar? ¿Yo?

La negra

Si en tu cama falta calor, si en tus brazos su olor, prestale tu canción que la negra se sienta en el sillón.  Ella sólo quiere escucharte,  la emociona tu cantar,  tiembla su boca, tolerante,  cae un lagrimón al azar. No te pongas nervioso, sólo agitá las cuerdas, que la brisa hará lo suyo mientras la negra se olvida las penas.