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Palabras

De vez en cuando el paraíso se siente en las entrañas. No hace falta explorar el cielo para encontrarlo, simplemente acariciar el vientre y exponerlo al contacto puramente mágico del sentimiento, ese claro y fuerte sentimiento, que aparece cuando se emite una vocal, unida a una consonante, o a otra vocal, dependiendo el orden, dependiendo la sinapsis. Cuando dos letras se conectan e intercambian su sentido, y forman una palabra, ahí todo deja de ser vacío, todo cobra sentido, todo puede verse con luz y esa oscuridad tan honda y estrecha que habitaba en el planeta deja de existir, por un momento, mientras se pronuncia, o se lee, o se piensa. No hace falta que esté, puede ser tácita, puede ser un hilo de vida que se alarga a medida que se baila al son de la prosodia, o de la conciencia, o de la inconsciencia. La palabra define al hecho y el hecho a la palabra. Son paralelos, y a veces unen sus manos para fortalecer su relación. Pero quizás su amor no es tan fuerte como el nuestro. Quizá...

Brevísima historia

Sus pies inquietos me despertaron. La cama estaba fría, había un abismo entre cada cuerpo, sentía que estaba congelándome. Nunca dormimos tan espaciados, esa noche presentía lo malo. Pero era tal el cansancio que acabó por envolverme. Aún así me mantuve de espaldas, estaba expectante, no sé, lo presentía, sabía que algo iba a pasar, y el no moverme era una forma de esperar lo peor. Sentí su mano en mi pelo, y cerré los ojos. No quería que supiera que estaba sintiendo cada segundo de su respiración. Perdía sus dedos en mi pelo, y en mi cuello, me acariciaba tan sigilosamente que se me erizaba la piel. Y entre medio siento una congoja, no mía, sino de él: estaba llorando. Supuse que no quería hacer ruido, pero aún así entre tanto se sentía alguna que otra lágrima queriendo no callar. Y comenzó a hablarme. Temía por lo que fuera dicho, porque sabía que era todo lo que no supo decir en la vigilia de nuestros días. Temía porque sabía que se lo había guardado y lo que se mantiene en si...

Qué lástima

Qué lastima no haber sido nada, no haber dejado todo, no habernos perdido en el alba. Qué lástima que no supimos ser, que caminamos sin sonreír y no nos vimos amanecer. Qué lástima no conservar los olores, los sabores, los amores, y quedarnos con el hambre. Qué lástima la vida sin vos, sin dos, sin sol, sin ton ni son. Qué lástima no vivir, pero qué bueno que te dejé ir, encontrate con alguien que te haga feliz.

Basta boludo

Basta boludo. Quere, amá, abrazá, hasta que se quede sin aire. Basta boludo. Dejate de joder. Que la piba te quiere, y eso no es poca cosa. Si no se puede, seguí tu camino contrario. A otra ruta, vía Roma. Ella también va a seguir. Basta boludo. No la lastimes, no es el fin del mundo, no deja de girar la Tierra ni se estanca el río. Vas a concer a otra y ella también será feliz. Basta boludo. No rías de sus lágrimas ni festejes que está golpeada. Porque vos estas peor. Perdiste la esperanza y eso te deja más tirado. Basta boludo. Dejate de molestar, que el que pega sin razón está anclado en el fondo del mar.

Se sueña o se va.

Acá me encuentro, intentando enfocar, rodeada de monstruos que ahondan mi cabeza hasta el penúltimo escalón. Siempre queda uno más, por si te arrepentís. Habito en el alma de alguna nube, que vaga entre los cielos, de planeta en planeta por todo el Universo. Y en cada estrella, tu voz. Me detengo a escucharla, y ahí recargo mi energía. Sigo el viaje, con los auriculares puestos. Si la canción es triste, me seco las lágrimas. Y el efecto que perdure es el que me hará dilucidar si en la siguiente estrella freno. O quizás nunca quiera frenar. El curso de las canciones son un viaje, y en cada mente se sueña o se va.

Suerte de caricia

¿Quién va a sacarme la tristeza? Cuántos pésames, cuantas náuseas. Todo ha ido a la basura, y quedan los restos. ¿Quién va a desempolvarme las heridas? Sólo había una cura, y se evaporó. Quedó el recuerdo, como una estática que eriza la piel. ¿Quién va a salvarme la cabeza? Todas las alegrías se volaron. Y sólo queda el viento. Como una suerte de caricia que trae tu piel, como si la tocara. Y todo es tan real que a veces me transporto al otro lado del río, creyendo, al fin y al cabo, en el principio de que nada se pierde... y todo se transforma. Creo que algún día te vas a unificar, y me vas a abrazar, y todo va a volver. Todo es fácil otra vez. Y quizás, en alguna vida, al otro lado, aquí o allá, el viento traerá volando, tus hojas, nuevamente, para verte renacer.

Siempre se vuelve

Cuando todo es la nada, y la nada es el todo. Cuando apenas existe un algo, y la meta es el modo. Cuando es difuso lo escrito y el alma se vuelve concreto. Cuando la brisa cae, y los pájaros se esconden del viento. Cuando todos corren y vos te enredas en el huracán. Cuando el abrazo se hace canción. Cuando es bueno, y cuando es malo. Cuando es verso y cuando es desorden. Cuando es poesía y cuando es amor. Cuando hay sueños y cuando despertas sin conocer. Cuando es realidad y cuando es fricción. Ahí, está todo. Siempre se vuelve.