SA

En algún recoveco de su complexión, el inconsciente oprime lo que nos puede perturbar. Así, creemos que algunas cosas se han olvidado. O ni siquiera, lo que se olvida no se percibe, no se delibera, no se advierte. Esa falacia especuladora se nos caga de risa. Como cuando abriste la puerta, y te percibí. Venías con todo eso que supo movilizarme, moverme. Y quedé inmóvil. La muerte llegó finalmente con la empatía del destino. Con tu voz completando todo. Con mi todo para vos.

                                                                                                                              Santiago Aysine

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